…Pues antes el aceite de girasol era más sano que el de oliva.


Pedro Gómez-Romero


Eso lo sabe casi todo el mundo. Hubo un tiempo en que el aceite de girasol era más sano que el de oliva, y el pescado blanco preferible al azul.

¿ O no?
Pues lo cierto es que al menos se recomendaban algunas pautas dietéticas bastante diferentes de las que predominan hoy entre la profesión médica. Y aquí no había intermediarios periodísticos que valieran para exonerar de culpa a los propios expertos.
La explicación más fácil es que, como las ciencias avanzan que es una barbaridad, ahora sabemos cosas que ignorábamos entonces. Pero no me hagan caso. Esta explicación es de aquellas diseñadas para acallar nuestras conciencias de perfeccionistas empedernidos. Se diría que queremos tenerlo todo controlado y nuestras explicaciones científicas perfectamente cuadriculadas.
Y lo cierto es que un planteamiento cartesiano del mundo nos ha dado extraordinarios resultados y modelos fabulosos con sorprendentes capacidades predictivas, especialmente en el mundo de la física. También cuando es la química la que está en juego.
Pero a medida que la materia se autoorganiza y se torna compleja, a medida que los efectos que estudiamos se empeñan en no casarse con una sola causa y se vuelven multifactoriales, nuestro mundo se nos vuelve caótico y difícil de predecir.  Encontramos ejemplos de este tipo de sistemas caóticos en el clima, o en un partido de fútbol. Nuestro propio cuerpo, nuestro precioso organismo biológico, está ahí, a mitad de camino entre la cuadrícula supramolecular de la bioquímica y el caos darviniano de la piel del mundo.

Cada uno de nosotros somos realmente un complejo sistema orgánico aderezado con flora y fauna propias y marcado por nuestros genes y nuestra historia. Pedirle al médico que nos explique cómo van a afectar a nuestro páncreas, a nuestra flora bacteriana y a nuestro cerebro los cien gramos de chocolate que nos acabamos de comer para inundar nuestras venas de beneficiosos antioxidantes es pedirle demasiado. En lugar de demasiadas explicaciones mejor le pedimos que comparta con nosotros un buen par de onzas de chocolate negro.

¡Que ustedes lo disfruten!
 

Mi consejo dietético final: “comer un poco de todo y mucho de nada”

 

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