…Pues antes el aceite de girasol
era más sano que el de oliva.
Eso lo sabe casi todo el mundo. Hubo un tiempo en
que el aceite de girasol era más sano que el de oliva, y el pescado
blanco preferible al azul.
¿ O no?
Pues lo cierto es que al menos se recomendaban algunas
pautas dietéticas bastante diferentes de las que predominan hoy
entre la profesión médica. Y aquí no había
intermediarios periodísticos que valieran para exonerar de culpa
a los propios expertos.
La explicación más fácil es
que, como las ciencias avanzan que es una barbaridad, ahora sabemos cosas
que ignorábamos entonces. Pero no me hagan caso. Esta explicación
es de aquellas diseñadas para acallar nuestras conciencias de perfeccionistas
empedernidos. Se diría que queremos tenerlo todo controlado y nuestras
explicaciones científicas perfectamente cuadriculadas.
Y lo cierto es que un planteamiento cartesiano del
mundo nos ha dado extraordinarios resultados y modelos fabulosos con sorprendentes
capacidades predictivas, especialmente en el mundo de la física.
También cuando es la química la que está en juego.
Pero a medida que la materia se autoorganiza y se
torna compleja, a medida que los efectos que estudiamos se empeñan
en no casarse con una sola causa y se vuelven multifactoriales, nuestro
mundo se nos vuelve caótico y difícil de predecir.
Encontramos ejemplos de este tipo de sistemas caóticos en el clima,
o en un partido de fútbol. Nuestro propio cuerpo, nuestro precioso
organismo biológico, está ahí, a mitad de camino entre
la cuadrícula supramolecular de la bioquímica y el caos darviniano
de la piel del mundo.
Cada uno de nosotros somos realmente un complejo sistema
orgánico aderezado con flora y fauna propias y marcado por nuestros
genes y nuestra historia. Pedirle al médico que nos explique cómo
van a afectar a nuestro páncreas, a nuestra flora bacteriana y a
nuestro cerebro los cien gramos de chocolate que nos acabamos de comer
para inundar nuestras venas de beneficiosos antioxidantes es pedirle demasiado.
En lugar de demasiadas explicaciones mejor le pedimos que comparta con
nosotros un buen par de onzas de chocolate negro.
¡Que ustedes lo disfruten!
Mi consejo dietético final: “comer un poco
de todo y mucho de nada”
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